ENRIQUE BETHENCOURT: LAS CIFRAS DE LA VIOLENCIA MACHISTA – 8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA
http://www.laautenticadefensa.com.ar/noticias.php?sid=71699
Este lunes 8 de marzo se conmemorará otro Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Por eso, ofrezco este enlace a LA AUTÉNTICA DEFENSA, medio digital argentino, que glosa la fecha; y transcribo íntegro el texto de un documentado artículo que ENRIQUE BETHENCOURT publica en la edición papel de CANARIAS 7. Me permito llamar la atención sobre las estremecedoras cifras que nos aporta Enrique. Y que, como también nos dice el articulista, a pesar de que han disminuido, todavía deben llenar de vergüenza e indignación a toda la gente sensata, sin distinción de género. Y, en fin, Bethencourt nos alerta ante las maniobras que buscan neutralizar las leyes de defensa de la mujer contra el terrorismo machista.
Las cifras de la violencia machista
Enrique Bethencourt
Hay dos noticias con relación al mayoritariamente negativo 2009 -sobre todo en los terrenos de la economía y el (des)empleo, pero también en el medio ambiente, con el fracaso de la cumbre de Copenhague, o en la lucha contra la pobreza en el mundo, una vez más aplazada sine die- que merecen ser destacadas justamente por lo contrario, por ser claramente positivas. Me refiero, por un lado, a la confirmación de la disminución de las muertes en las carreteras, un 13% menos que en 2008, siguiendo la tendencia de los años recientes, con protagonismo evidente del carné por puntos y de las modificaciones del Código Penal que han incrementado las penas a los criminales del volante. Y, por otro, a la reducción, también significativa, de las muertes por violencia de género.
Respecto a esta última, al descenso en el pasado 2009 en un 40% en el número de mujeres muertas por violencia machista, reconozco que me produce una extraña sensación.
Por un lado, de meditada y prudente satisfacción, por esa veintena menos de mujeres asesinadas por sus novios, compañeros, maridos o ex de todas esas categorías, con relación al 2008, lo que supone que en el pasado año se registró la cifra más baja de muertes desde que se aprobara por el Parlamento español, en diciembre de 2004 y por unanimidad, la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.
Por otro, de cabreo, dolor y preocupación porque las cifras continúan siendo completamente intolerables, como lo es la dramática realidad, con rostros y nombres, con sufrimiento tantas veces silenciado, que se encuentra detrás de cada una de ellas. Y es que la violencia de género supera ampliamente en fallecimientos, dentro y fuera de España, a las atrocidades de cualquier organización terrorista.
Cierto es que hemos avanzado, y mucho, en la última década, sacando este problema de la esfera privada y convirtiéndolo en público; introduciendo relevantes cambios legislativos y desarrollando redes de apoyo y sistemas de información y de protección a las víctimas, así como programas para tratar de recuperar a maltratadores.
Pero quedan muchas lagunas y aspectos por desarrollar en la Ley, especialmente, como señalan los expertos, en lo relativo a la atención psicosocial y a la educación. En este último aspecto es vital que todo el sistema educativo esté impregnado de valores de igualdad entre hombres y mujeres, así como de la resolución pacífica de los conflictos. Para lograr que las generaciones más jóvenes modifiquen el ‘chip’, reduzcan el machismo y minimicen las actitudes violentas.
Porque otro dato del 2009 nos tiene que llenar de inquietud: el 30% de las mujeres asesinadas tenía menos de 30 años y sus parejas se movían en semejantes edades. Luego dista mucho de alcanzarse ese cambio cultural entre nuestra gente joven, en la que entre buena parte de los varones siguen perviviendo valores de dominación y de desconsideración hacia las mujeres. Elementos que están en la esencia de quienes se creen con derecho a decidir sobre la libertad y sobre la vida de las mujeres; y cuyos comportamientos de restricción de la libertad de sus parejas, presentes en la mayoría de las ocasiones desde las primeras etapas de la relación, suelen ser la antesala a una situación de malos tratos que en muchos de los casos no es denunciada hasta transcurridos seis o siete años de auténtico calvario. Aunque, y este es otro dato positivo, ha disminuido sensiblemente el tiempo medio que la mujer soporta al maltratador, de siete a cinco años, desde la implantación de la Ley.
Todo esto sucede cuando desde algunos sectores se objeta sobre la bondad de la Ley y sobre la propia realidad del maltrato en España, lo que ha sido aprovechado por los sectores más ultraconservadores tratando de quitar relevancia a uno de los problemas más graves, a una de las situaciones más indignantes de nuestras sociedades. La legislación es, sin duda, mejorable, pero cuestionarla de la manera simplista en que lo han hecho algunos, con responsabilidades en la judicatura y con evidente proyección social, sólo puede servir para dar alas a los maltratadores.
Como bien señala la doctora en Ciencias de la Información Pilar López Díez, en relación a la lucha contra los malos tratos en España, “no estamos yendo demasiado lejos; sólo los delincuentes que utilizan la violencia van demasiado lejos. Hay hombres que entienden y defienden la lucha de las mujeres. Ojalá sigan confiando en la justicia de sus reivindicaciones”. Queda, sin duda, un largo camino que recorrer en esta justa batalla.
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