Archive | 07/10/2009

BERRIEL, CONSEJERO DE MEDIO AMBIENTE, DICE QUE QUIERE SEGUIR CON LO DEL AGUJERO DE TINDAYA

http://www.eldia.es/2009-10-06/canarias/1-Gobierno-Parlamento-quieren-seguir-Tindaya-pese-crisis-juicios.htm

En cualquier gobierno del mundo, un proyecto como el de Tindaya, que no sirve para nada, que por eso tropieza con la oposición de un montón de gente, lo tendría muy difícil. Y, desde luego, aunque otros miembros del gobierno lo quisieran, se opondría el responsable de Medio Ambiente de la manera más enérgica, porque esa es su función, ese su deber.

En Canarias, no. En Canarias, país del despropósito, de la aberración al poder, es el consejero de Medio Ambiente el que se quiere cargar un territorio natural, sagrado, amado por la gente de su isla.

Es nuestro sino. El de Economía, quiere llevarse la inversión para fuera. El de Hacienda (que es el mismo, para fastidiarla más), muestra el mayor interés por pagar unas indemnizaciones que marean. Las de Sanidad y Educación, se mueren por privatizar sus áreas. La de Bienestar Social, tiene en la zozobra a los desfavorecidos. El de Empleo, se calienta porque la gente no acepta trabajos basura. El de Industria, opta por la energía sucia y obsoleta. El de Justicia, es un letrado que no ha ganado un pleito en su vida. ¿Y el Presidente? Ese sale a correr todos los días, para estar en forma y cuadrado cuando venga el próximo miembro de la familia real y salir bien en la foto con él. ¿Y la gente, nuestra gente? Mal, gracias.

EL GOBERNADOR DEL BANCO DE ESPAÑA SIGUE CON LA RECETA DE FRIEDMAN

http://www.elpais.com/articulo/economia/Fernandez/Ordonez/condiciona/salida/crisis/reducir/deficit/reforma/laboral/elpepueco/20091006elpepueco_6/Tes

Míguel Ángel Fernández Ordóñez, Mafo para los amigos, actual gobernador del Banco de España, tenía la que yo creía merecida fama de economista juicioso. Ahora, como todo lo decide Trichet, el del Banco Central Europeo (otro que tal baila, por cierto), Mafo no tiene mucho que hacer, y se dedica de cuando en vez a soltar paridas. Y parece haber perdido la costumbre de la funesta manía de pensar, pues, directamente, tira del primer manual de economía que tiene a mano, que resultó el de los de la Escuela de Chicago y suelta lo que lee. Y, además, como Mafo está con poca practica de curro, no se toma el trabajo ni de cambiar de manual. Aunque fuera por darle amenidad a la cosa.

Todo esta brasa viene a cuento de la perreta de Mafo repitiendo, dale que te dale, que hay que “reformar el mercado laboral” y “reducir el déficit”. Por si alguien no lo sabe, eso significa permitir que las empresas echen a la calle a esa cosa molesta llamada trabajadores y trabajadoras y que los pobres se jeringuen, que para eso son pobres y nadie les manda, y no hay derecho a poner en peligro el sistema de la opulencia para que cuatro perdularios vivan de la sopa boba. Eso y no otra cosa es lo que quiere Mafo.

A mí me llama la atención muchísimo el descaro que tienen estos economistas que se equivocan. Y si me dicen que cómo me atrevo yo a decir eso, cuando yo no soy economista, contestaré que tampoco soy arquitecto o ingeniero, pero si un edificio se cae o un puente se viene abajo, puedo inferir, sin temor a equivocarme, que el arquitecto o el ingeniero causantes de la catástrofe, lo hicieron mal.

Y a eso me refiero. Afirmo que las dichosas medidas de reforma laboral y contención del déficit son esencialmente injustas, pero que, además, se ha demostrado que no sirven para nada. Que el edificio económico y el puente financiero se derrumban, a pesar de que siempre estos economistas recomiendan aplicar esas recetas de Friedman y sus Chicago boys, que siempre se han demostrado contraproducentes.

Porque es curioso que a este genio de la economía no se le escuche nunca decir absolutamente nada de la complaciente fiscalidad que se aplica a las grandes fortunas o contra esa aberración, simbólica si se quiere, pero altamente perversa, de los beneficios tributarios de que gozan los deportistas de élite o la pasividad que se ejerce en la lucha contra los paraísos fiscales. Si tuviera gestos en este sentido, quizá podría uno entender algo de los de signo contrario.

De manera que Mafo podría dedicar sus ocios a resolver sudokus; y sus afanes mediáticos, a elucubrar sobre la cuadratura del círculo, pero que deje en paz a la economía real, que él, declaradamente, de eso no entiende. Y a los hechos me remito.

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